Evaluación de las elecciones congresales

El frente político Juntos por el Perú, en el que participó el Partido Comunista Peruano, no pasó la valla electoral del 5% de los votos. Ante ello, es necesario hacer un balance de las elecciones al Congreso 2020 con perspectiva a las elecciones generales de 2021.

  1. Consideraciones iniciales

Toda evaluación en la práctica de los comunistas debe iniciarse con una autocrítica.

  1. a) Elección de los candidatos

A fin de afrontar de forma ordenada la tarea política durante las elecciones congresales de 2020, se establecieron las modalidades de elección de precandidatos comunistas: 1ra. Modalidad: Elecciones internas (secretas o a mano alzada) con la participación exclusiva de los militantes empadronados en el PCP; la 2da. Modalidad: Activo Electoral. Los precandidatos comunistas deberían ser electos en un Activo Electoral conforme al artículo 31º del Estatuto partidario, con la participación exclusiva de los responsables políticos de las células del PCP en las regiones donde exista estructura celular acreditada.

Pese a que no se desarrollan elecciones internas en los organismos partidarios para la elección de los candidatos, este mecanismo de democracia interna es válido en la medida que permiten al PCP adecuarse a las nuevas condiciones en la lucha electoral y afirmar el compromiso de los militantes con los candidatos. Por otro lado, la elección de candidatos mediante activos electorales, como ocurrió en cinco comités regionales, adolece de representatividad y se evidenció en la ausencia de compromiso disciplinado con las candidaturas.

Hay una equivocada creencia de que la condición de dirigente gremial los convierte por derecho propio en candidatos naturales a cargos de elección popular sin previa construcción del liderazgo político del dirigente gremial. Como consecuencia de estas deficiencias, el Partido Comunista Peruano, con 16 candidatos que llegaron aptos a las elecciones del 26 de enero, aportó aproximadamente 70,000 votos, que no fueron suficientes para superar la valla electoral, manteniéndose la constante de no lograr representación congresal desde hace 25 años.

Sin embargo, el producto político positivo en este proceso electoral para el Partido Comunista Peruano, la izquierda y el movimiento popular, ha sido la numerosa participación de candidatos provenientes de los gremios sindicales, quienes asumieron las candidaturas con toda la responsabilidad y el sacrificio que demanda cumplir las tareas del Partido y representar a los trabajadores, por lo que el PCP destaca su incorporación a la lucha política y agradece su participación.

  1. b) Disciplina deficiente

Ha sido evidente la ausencia de disciplina consciente de los militantes comunistas y la incapacidad de las direcciones nacional (Comisión Política, Comisión Nacional de Frente Único, Comisión Electoral y Comisión Nacional de Ética y Disciplina) y regionales de encaminar el cumplimiento de los acuerdos orgánicos y la línea del Partido en los marcos del II Pleno del Comité Central y el Estatuto partidario, con excepción de las candidaturas de los camaradas de las células de construcción civil que lograron movilizar a sus sindicatos en apoyo de los candidatos.

En algunas regiones, hubo desacato reiterado a la línea partidaria y a los acuerdos del Comité Central sin que la Comisión Nacional de Ética y Disciplina tome las medidas correctivas necesarias pese a tener conocimiento de los hechos.

  1. c) Falta de dirección política

Hubo ausencia de una dirección política en la campaña de los candidatos del PCP, igualmente en Juntos por el Perú, agravado —en el caso de los candidatos del PCP— por las limitaciones sectoriales de las propuestas, que evidenciaron la distancia existente entre un liderazgo gremial y el liderazgo político.

Durante la campaña hemos sido incapaces de conformar una comisión nacional de campaña que diseñe la estrategia electoral de los candidatos, lo que condicionó a que cada candidato despliegue su campaña electoral en la medida de sus posibilidades y mejor parecer. A ello se sumó las deficiencias en el aspecto comunicacional y propagandístico que impidió el posicionamiento de los candidatos alejándolos de los espacios televisivos y radiales en comparación con otros candidatos de Juntos por el Perú.

  1. Consideraciones centrales

Los resultados de las elecciones del pasado 26 de enero nos dejan cuatro lecciones: la unidad de las organizaciones de izquierda es imperativa; la dispersión programática es un lastre; la desideologización nos deja a la deriva; el aprendizaje de las lecciones anteriores devolverá el poder al pueblo.

En 2016, tras la caída de las inscripciones de Alianza para el Progreso y el Partido Morado, el Frente Amplio (donde participamos como PCP) obtuvo cerca de 3 millones de votos para la presidencia y un millón setecientos mil para el Congreso, logrando la elección de 20 congresistas, para luego fraccionarse, apareciendo el Movimiento Nuevo Perú.

Ante esta falta de unidad, la primera llamada de atención que le dio el pueblo a las izquierdas fueron los pobres resultados en las elecciones regionales y municipales de 2018, en las que Juntos por el Perú y Frente Amplio sumaron apenas 39 alcaldías distritales y dos alcaldías provinciales de un universo de 1874 jurisdicciones distritales y 196 provinciales.

En el 26 de enero el pueblo volvió a castigar a la izquierda alejándola de la mayoría parlamentaria para pugnar por el cambio constitucional. El Frente Amplio retrocedió en más del 50% de los votos obtenidos en 2016 y en la representación parlamentaria, y en especial Juntos por el Perú (y la consecuente desaparición de la bancada del Movimiento Nuevo Perú que participó en el frente político), que no superó la valla electoral.

  1. El fracaso electoral

El fracaso de Juntos por el Perú se puede atribuir sin errar a cuatro factores: la dispersión orgánica de los partidos que integran el frente; la atomización programática; la ausencia de liderazgos nacionales y regionales definidos; la desideologización del frente. Aun así, este fracaso electoral no es una derrota política.

La tardía comprensión de que Juntos por el Perú es un frente político impidió el compromiso de todos los integrantes del frente en la transformación de este en un proyecto mayor.

Esta dispersión orgánica tiene como trasfondo la atomización programática que ha sido manifiesta en este proceso electoral del 26 de enero.

El programa oficial de Juntos por el Perú nunca fue el programa político de todos sus integrantes, ya que este programa no fue parte del debate interno ni del consenso de los partidos aliados, sino fue un producto terminado.

Juntos por el Perú nunca pudo consensuar ni convencer a sus integrantes ni a los aliados de la justeza de su programa político que le permitiría ofrecer a la ciudadanía una propuesta clara con visión del país de largo plazo, así mismo, los comunistas tampoco dimos la batalla interna para que ese debate se realice.

Yehude Simon, líder de Juntos por el Perú, se apartó temporalmente del frente por las declaraciones de Jorge Barata, exdirectivo de Odebrecht, quien lo acusó de financiamiento ilícito en su campaña por Lambayeque. Esto tuvo como consecuencia inmediata la profundización de la crisis de liderazgos y la legitimación en las mayorías nacionales.

La frustrada alianza electoral  Juntos por el Perú-Perú Libre, acompañada de la sentencia y encarcelamiento de Vladimir Cerrón, agravó la crisis de liderazgos en vísperas del proceso electoral.

La desideologización del frente en beneficio del pragmatismo perjudicó a Juntos por el Perú, que pugnó en su interior en aparecer hacia el exterior como un frente de centro, carente de ideología “estigmatizante” que pusiera en riesgo la aceptación y complacencia de los censores de la burguesía y del progresismo de izquierda y derecha al que pretendían atraer desde el “centro”. Los comunistas no dimos la lucha política e ideológica al interior de Juntos por el Perú, lo que agravó la inocuidad del frente y diluyó nuestra propuesta de transformación social.

Los resultados evidencian las deficiencias cualitativas del discurso de Juntos por el Perú y de la izquierda marxista, socialdemócrata y socialcristiana. La falta de unidad programática y consensos ha originado que lo que debía ser un giro electoral a la izquierda se convierta en un reciclaje hacia la centroderecha (AP, APP, Partido Morado y Somos Perú) y que, peligrosamente, los sectores conservadores mantengan su espacio en el fujimorismo y se recompongan en otras expresiones políticas como el FREPAP y Podemos. Este voto conservador se estructura en torno a todos los miedos sociales (a la inseguridad, a la formalidad y a la “ideología” de género) y a la necesidad de soluciones violentas, excluyentes y rápidas que ocasionaron en algunos politólogos la creencia errada de que los resultados del 26 de enero fue la derrota de la CONFIEP cuando por el contrario esta encontrará un terreno apto para alcanzar sus objetivos.

  1. El nuevo escenario

Los resultados electorales del 26 de enero dieron como resultado central la derrota política del aprismo y del fujimorismo y, por tanto, la derrota de la estrategia de blindaje de los corruptos, de copamiento de los poderes de Estado y de obstrucción a las iniciativas de la reforma política.

Como lo habíamos señalado en 2019, el presidente Martín Vizcarra ha resultado el ganador en esta coyuntura: logró la elección de un Congreso a su medida.

El nuevo Congreso de la Republica será un Congreso de las minorías debido a la fragmentación del voto. La nueva configuración política del país ha variado, pero no ha cambiado la esencia. Las fuerzas enfrentadas antes del proceso electoral eran las representadas por el neoliberalismo y el conservadurismo de derecha; y hoy, si bien es cierto no existe en el parlamento una fuerza hegemónica, el mapa político indica que estamos divididos en tres bloques, uno de centro derecha neoliberal, otro bloque ultrista representado por el etnocacerismo-UPP y uno minoritario: el conservadurismo de izquierda ambientalista de Frente Amplio.

En ese escenario, el presidente Martín Vizcarra buscará aliados para concluir su agenda política y terminar su mandato sin sobresaltos. Su agenda incluye la reforma política inacabada con el peligro del bipartidismo intrínseco, insistirá con el proyecto para impedir que las personas con procesos penales abiertos postulen a cargos de elección popular; que la inmunidad parlamentaria pueda ser levantada desde el Poder Judicial, y la obligación de los partidos políticos a rendir cuentas de sus finanzas durante la campaña.

Así también buscará obtener del Congreso las medidas legislativas para implementar el Plan de Competitividad y Productividad publicado en diciembre de 2018, las recomendaciones de la CONFIEP en la Agenda País versiones 01 y 02 y la ratificación de los decretos de urgencia emitidos durante el interregno congresal mediante el proceso de control constitucional de los mismos; en especial, los cuestionados decretos de urgencia, como el N.° 014-2020, que regula la negociación colectiva de los trabajadores del sector público, pero a costa de vulnerar los fundamentos de la negociación colectiva y restringirla a la periodicidad bianual, además que vulnera el Convenio 144 de la OIT, entre otros.

La elección parlamentaria no resolvió la crisis política

Las crisis ministeriales y de gobernabilidad no han sido resueltas con el cierre del Congreso debido a que el Ejecutivo –que se mantuvo en el gobierno– fue y es parte del problema.

La propuesta “Que se vayan todos los corruptos y explotadores”, camino que habíamos planteado en agosto de 2017 y que asumió la izquierda, fue reducido a un simple reciclaje reformista para enfrentar la crisis de poderes. Ahora tenemos que esperar hasta las elecciones de 2021.

Mientras tanto, la CONFIEP ha asegurado que el presidente no tenga mejor aliado que ellos y seguir el mismo Plan de Productividad y Competitividad y la Agenda País.

Los corruptos se defienden

El aprofujimorismo y sus satélites políticos siguen en la resistencia política, judicial y policial. Los ministros salientes se encuentran involucrados con Odebrecht, los Cuellos Blancos y el Club de la Construcción. Uno de ellos ha jalado al procurador Jorge Ramírez del Caso Lava Jato y han sido denunciados los fiscales Rafael Vela y Domingo Pérez por la mafia del Ministerio Público que busca destituirlos.

Creemos que las investigaciones no deben blindar a nadie, sin embargo, la actitud del gobierno debilita la lucha contra la corrupción y favorece la línea de cambiar solo la clase política –como en el Brasil– para limpiar a la clase empresarial y no cambiar nada el sistema económico.

 El modelo continuo

La flexibilización de nuestra economía liberal, favoreciendo la inversión y dominio de las transnacionales, sigue viento en popa. Postergar Tía María por otras inversiones de recursos mineros y privatización de empresas estatales son parte de la estrategia del Gobierno-CONFIEP. El modelo privatista no ha cambiado nada y esto es un punto débil de la lucha antiimperialista y antineoliberal que debemos enfrentar.

  1. Consideraciones finales

Remontar las condiciones políticas actuales requerirá que se desarrollen las luchas sociales y reivindicativas en el marco de una propuesta de transformación social, en el que el papel del movimiento obrero, campesino, popular y del Partido Comunista Peruano impulsen un giro político hacia una alternativa de independencia, soberanía que establezcan las bases del socialismo peruano.

  1. Cierre de una etapa y el inicio de otra

Concluido el proceso electoral 2020, el PCP cierra una etapa de la lucha política-electoral e inicia una nueva etapa política implementando los acuerdos adoptados en el VII y VIII Plenos del Comité Central, atendiendo la aspiración partidaria desde hace 30 años, esto es, contribuir a la unidad de las fuerzas políticas de izquierda, del campo popular de los trabajadores desde la construcción de nuestra institucionalidad partidaria mediante la inscripción en el Registro de Organizaciones Políticas (ROP) del referente político-electoral “Unidad Patriótica”, que contribuirá a forjar la unidad de las izquierdas desde la paridad institucional y la equidad orgánica, en el marco de un programa político de mediano y largo plazo. En esa línea, el PCP no continuará el proceso de afiliación o reafiliación de Juntos por el Perú ni integrará los comités provinciales de Juntos por el Perú, por ser incompatible con el proceso de construcción de nuestro referente político-electoral Unidad Patriótica.

Los comunistas sostenemos que la salida de la crisis de la nación peruana no pasa por cambiar el modelo de dominación neoliberal por otro modelo de dominación capitalista keynesiano, sino que pasa por la construcción de las bases materiales e ideológicas del socialismo y comunismo peruano.

Es por ello que nuestra propuesta política y programática que sustenta nuestra lucha, se define por la lucha por una nueva Constitución Política que establezca las bases ideológicas del socialismo y el comunismo peruano y que permita la construcción de sus bases materiales. Por ello es necesario transitar por una etapa que permita establecer las bases materiales de la nueva República y de la nueva sociedad.

Comisión Nacional de Frente Único