La acción de la juventud consciente forjará la revolución

Por: Jakeli Salgado
Dirigente nacional JCP

Sócrates fue condenado a morir bebiendo la cicuta, por haber expresado sus ideas en contra de los dioses, por supuestamente haber corrompido a la juventud, y más allá de su muerte Sócrates siguió hablando, porque lo que él decía está comprobado en la realidad, porque era el producto de la observación, del análisis y el razonamiento.

En los tiempos actuales, es la juventud la que debe adoptar una posición y frente a ello tenemos dos caminos: el de la muerte, representado por la resignación, y el de la rebeldía, como una acción intelectual. Hablemos de la resignación. La resignación es como cualquier droga que adormece la mente, la consciencia del hombre. La resignación te lleva a asumir que aquello que se dice en la televisión, en los medios de comunicación, es la única verdad y no hay salida para la situación que vivimos, porque son capaces de decir que el capitalismo es lo único que nos va a salvar, y si alguien dice lo contrario, inmediatamente lo etiquetan de terruco. Resignación como producto de este sistema, donde el pobre, el miserable se echa a los hombros la culpa de su situación. Estamos frente a un dominio diferente; ya no existe el dominio de las armas, de la Policía y el Ejército; estamos frente a un monstruo que tiene un poder mayor, el poder mediático para controlar tu mente y tu opinión.

Pero tenemos otro camino, la rebeldía, como lo diría el gran Julio Anguita: “la rebeldía no es un grito, no es insultar, no es apedrear; la rebeldía es un grito intelectual, de lo más profundo de nuestra conciencia: la rebeldía es decir no me da la gana decirle que sí a esta actual situación, ¿Por qué? Porque no quiero, y me niego a decirle que sí, porque entiendo que hay otra alternativa y me niego a convivir con ella”. Y cuando hablamos de intelectual no es solo al universitario o a un profesional, sino a cualquier otra persona que tome posicionamiento, que nace de la mente y el corazón. Esta es la verdadera rebeldía, lo demás es mediocridad y chillidos.

Y es aquí donde entra la juventud, como lo dijo el Che: “La juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía realmente”. Existen viejos que son jóvenes y una juventud que es vieja y son precisamente estos quienes no miran cuántas familias aún viven debajo del puente, existen maestros que no se preocupan por los miles de niños que no acceden al derecho de la educación, existe cuántos médicos que, traicionando el juramento hipocrático, venden la salud y existen miles de peruanos que no pueden comprarla.

¿Cómo remediar esta situación? Pues es necesario tener un profesional comprometido con el cambio social, un profesional que asuma una posición de clases sin negar su extracto social, que no busque enriquecerse a costa de las grandes mayorías.

La juventud, para conocer y respetar, es importante que sepa cuánto pesa llevar un saco con papas en la espalda, cuánto pesa cargar en el hombro una lata de concreto como el obrero, porque es importante para aquellos que serán profesionales la suerte que tuvieron a diferencia de aquellos que heredaron los callos de sus padres.

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica, porque la juventud es una condición del alma; serás joven mientras luches por la justicia, mientras tiembles de indignación, como lo diría el Che, ante cualquier atropello de cualquier persona, mientras no te conformes y no te alinees ante este sistema, mientras sigas estudiando con responsabilidad, con conciencia, no para ocupar un puestito, sino para transformar desde el lugar que te encuentres.

Se me viene a la mente las sabias palabras del maestro Pepe Mujica: Tú, joven, recuerda que la vida se te va minuto a minuto y no hay forma de comprarla; por lo tanto, lucha por vivirla plenamente, lucha por vivir al tope y siempre da algo a los demás, porque, por más jodido que uno esté, siempre hay algo que podemos darle a los demás. Solo así llegarás al término de tu vida y sabrás lo que es la felicidad.