Editorial diciembre 2015

La derecha en el Perú, durante los últimos 25 años ha santificado el modelo económico neoliberal extractivista, promoviendo la privatización y reducción del Estado a una función monopólica y privada al servicio exclusivo de los grandes grupos de poder, bajo el discurso de ser la solución para lograr un Estado eficiente y transparente, contrariamente a lo ofrecido ahora tenemos un Estado neoliberal burocrático, improductivo y más corrupto.


El Estado peruano ha abandonado su función pública y social que resolvería los grandes problemas del país y de la sociedad, para desnudarse como una siniestra dictadura monopólica capitaneada por la oligarquía financiera nacional e internacional, que hoy controla el Poder Ejecutivo, Legislativo y el MEF, imponiendo su propio sistema privado de carácter educativo, de salud, sus estándares alimentarios, ambientales, energéticos, sociales, laborales, etc.


La recentralización, promovida desde el MEF para concentrar nuevamente los recursos económicos y la decisión de las inversiones, se ha desarrollado mediante una siniestra campaña de desprestigio a los gobiernos locales para debilitar el proceso descentralista arrancado por jornadas y movilizaciones populares que permitieron constituir presupuesto participativo y vigilancia ciudadana.
El Estado neoliberal mediante la constitución ha institucionalizado la explotación de los trabajadores y el pueblo por parte de las grandes transnacionales, también garantiza la desnacionalización y destrucción de nuestros recursos naturales; es decir, el pueblo es doblemente afectado: explotado en el trabajo y expropiado en sus riquezas. Ello es legislado mediante los llamados “Contratos Ley” que son inmodificables y gozan de extraterritorialidad. Este modus operandi es la forma perfecta para destruir el país, manteniéndolo esclavo de los vaivenes del mercado y la especulación financiera internacional que promueve el llamado “enclave primario exportador”.


Para profundizar el continuismo neoliberal extractivita y aplicar violenta y agresivamente las diversas medidas políticas económicas que permitan sacar al país de la desaceleración económica, la ultra derecha promueve la alianza popular del APRA-PPC como parte de una ofensiva conservadora en América Latina que viene de la social democracia y social cristianismo de derecha.
Ante ello, el pueblo, las organizaciones sociales, sindicales y el movimiento andino amazónico se rebelan ante la voracidad extractivista de las empresas transnacionales mineras como es el caso del Proyecto Conga, Tía María, Las Bambas, así como las luchas de las organizaciones forestales, el Paro Nacional 9 de julio convocado por la CGTP, la marcha en defensa de la soberanía, el trabajo y la patria: la contundente movilización de los jóvenes que permitieron la derogatoria de la Ley 30288. Hecho que hizo retroceder a la casta oligárquica, ante la unidad de acción en la lucha por conquistar las reivindicaciones del pueblo y el movimiento popular, en perspectiva de cambio y transformación del país.


En este escenario de permanente confrontación del pueblo peruano contra la narco oligarquía corrupta expresado en la alianza popular del APRA y el PPC auspiciado por el imperialismo norteamericano y sus agentes la ultra derecha conservadora pretenden imponer en la mente de los ciudadanos las “encuestas” que sólo ellos son la alternativa mediante sus códigos de antivalores “aunque roben, pero hacen obras”, “la plata llega sola”; por eso utilizan los resortes del Estado a través de jueces y fiscales corruptos para absolverlos de sus fechorías.


Frente a ello, en esta disputa por la hegemonía del poder político en el país, tenemos que dar una batalla en la contienda electoral, fortaleciendo la Unidad Popular del pueblo peruano construido en heroicas jornadas de lucha, contra la derecha corrupta encarnada en la alianza popular del APRA y el PPC, levantando las banderas programáticas del Frente Amplio encabezado por la compañera Verónica Mendoza. Nuestro deber es luchar contra los enemigos de clase, en ningún caso debe ser motivo para el abstencionismo en la lucha política, porque ello beneficia las posiciones de clase de la derecha.

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